miércoles, 17 de agosto de 2011

No hay bien que por mal no venga.

La verdad duele. Duele mucho.


Sé que el refrán no es así, pero en este caso... no hay otra forma mejor de definir esta situación.


Imagina esto: estás tan feliz. Contento, en una situación genial, agradable. Te sientes... ya sabes, esa sensación de estar a gusto con lo que tienes, con el ahora. Y que de pronto, te den una pésima noticia y te amarguen el día. Que esa sonrisa de felicidad se cambie por una mueca de furia, y luego sólo por lágrimas de dolor. Sí, bueno, todos lo hemos experimentado. O casi todos.


Esas personas a las que queremos. Nos acordamos de esos momentos felices con ellas, de sus risas, de nuestras risas. Y ahora, están enfermas, inmóviles... o algo todavía peor.


Vemos a las personas que conocemos, a nuestro alrededor; también sufrir por las desgracias, y bueno, eso quizá duele más.


Por eso aprovechad los momentos, sean minúsculos o enormes, con las personas que queréis, aunque sea simplemente un intercambio de palabras, o un hola. Porque tarde o temprano, puede ser, tal vez, no podáis volver a hacerlo.

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