La verdad duele. Duele mucho.
Sé que el refrán no es así, pero en este caso... no hay otra forma mejor de definir esta situación.
Imagina esto: estás tan feliz. Contento, en una situación genial, agradable. Te sientes... ya sabes, esa sensación de estar a gusto con lo que tienes, con el ahora. Y que de pronto, te den una pésima noticia y te amarguen el día. Que esa sonrisa de felicidad se cambie por una mueca de furia, y luego sólo por lágrimas de dolor. Sí, bueno, todos lo hemos experimentado. O casi todos.
Esas personas a las que queremos. Nos acordamos de esos momentos felices con ellas, de sus risas, de nuestras risas. Y ahora, están enfermas, inmóviles... o algo todavía peor.
Vemos a las personas que conocemos, a nuestro alrededor; también sufrir por las desgracias, y bueno, eso quizá duele más.
Por eso aprovechad los momentos, sean minúsculos o enormes, con las personas que queréis, aunque sea simplemente un intercambio de palabras, o un hola. Porque tarde o temprano, puede ser, tal vez, no podáis volver a hacerlo.
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